Leonardo da Vinci

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Biografía de Leonardo da Vinci

Leonardo di ser Piero da Vinci, o como es mayormente conocido, Leonardo da Vinci fue un exponente del Renacimiento, contaba con una profunda pasión por la ciencia y el arte, por ello, se destacó como pintor, escultor, arquitecto, ingeniero y científico.  Este hombre de personalidad inalcanzable, curiosa y apasionada innovó en el campo de la pintura dando lugar a la evolución del arte, también lo hizo en el campo de la ciencia, sus investigaciones en las áreas de anatomía, óptica e hidráulica, fue el preludio de muchos avances de la ciencia moderna.

Nace el 15 de abril de 1452 en Vinci, localidad italiana de la provincia de Florencia, perteneciente a la región de Toscana.   Hijo natural de una campesina, Caterina y de Ser Piero Da Vinci, un acaudalado notario florentino. Durante su infancia la incertidumbre política y social fue evidente debido a las tensiones y conflictos provenientes de la invasión y conquista del Imperio romano de Oriente en 1453  a mano de los turcos.

Demostró una gran habilidad artística al igual que una notable destreza frente a las matemáticas. En su juventud ingresó al taller de Andrea del Verrocchio  en Florencia para formarse como artista, este momento de su vida fue muy importante porque conoció artistas influyentes como Sandro Botticelli y  Pietro Perugino.  Años después en 1482, Da Vinci se traslada a Milán con el fin de buscar el patrocinio y mecenazgo del duque Ludovico Sforza, quien invertía cantidades importantes de dinero de los tributos a embellecer la ciudad con obras suntuarias y fortificaciones.  Ludovico lo acepta en su corte y pasa diecisiete años como pintor e ingeniero militar, sus proyectos fueron densos y abarcaron desde la mecánica y la hidráulica hasta la pintura y escultura, en lo concerniente a la pintura realizó dos obras esenciales en este periodo: La Virgen de las rocas y La última cena.

«Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz». Leonardo da Vinci

Lorenzo de Médici, llamado Lorenzo El Magnífico, fue un hombre que con su mecenazgo apoyó a Leonardo da Vinci en su desarrollo como artista. Justamente a la época en la que Lorenzo apoyó el arte se le conoce como la época de oro, gracias a la grandiosidad artística obtenida en la Florencia de finales del siglo XV.

En 1483 es contratado por la hermandad de la Inmaculada Concepción para ejecutar una pintura para la iglesia de San Francisco, Leonardo inició la realización de lo que sería la celebérrima Virgen de las Rocas, cuyo resultado, no estaría a los ocho meses que marcaba el acuerdo, sino veinte años después. En las dos versiones se habla de una  revolución estética por  la estructura triangular de la obra, la elegancia de las figuras y el apropiado uso de la famosa técnica del sfumato para exaltar el sentido visionario de la escena.

De su producción artística se destacan La Anunciación, La Virgen y Santa Ana,  La Virgen de las Rocas, La última cena, La Adoración de los Magos y el Retrato de Ginebra Benzi.  El más célebre es sin duda La Mona Lisa o La Gioconda, retrato que tuvo al parecer como modelo a Lisa Gherardini, esposa de Francisco Giocondo.  Esta obra fue famosa desde el momento de su creación, porque se convirtió en modelo de retrato y tuvo un  influjo sorprendente en el mundo de la pintura. Como personaje y como cuadro, la mítica Gioconda ha dado vida a infinidad de historias y libros. Esta obra fue vendida en Francia al rey Francisco I.

Biografía de Leonardo da Vinci

Leonardo da Vinci construyó una fuerte amistad con el matemático Luca Pacioli mientras se encontraban bajo el mecenazgo del duque, en 1496 Da Vinci le ayudó a concluir el tratado de la divina proporción. A partir de la colaboración en esta obra escrita, Leonardo argumentó que por medio de una juiciosa observación los objetos debían reconocerse en su forma y estructura para representarlos en la pintura de la manera más exacta. De este modo el dibujo se convertía en el instrumento fundamental de su método didáctico. Razón por la que Leonardo da Vinci teorizó su concepción del arte pictórico como «imitación de la naturaleza» en un tratado de pintura que sólo sería publicado en el siglo XVII y ha sido reconocido como el creador de la moderna ilustración científica.

En este sentido, según su criterio no debía existir separación entre el arte y la ciencia, como no la hubo en sus investigaciones, dirigidas de forma preferente hacia temas como la anatomía humana, la zoología, la geología, la física, la ingeniería y la astronomía.

La creación intelectual de Da Vinci y Luca Pacioli pudo haber sido mayor pero la caída del duque en 1499 obstaculizó dicho ejercicio debido a que cada uno tomó rumbos diferentes, en ese momento Leonardo se trasladó a Roma. De nuevo en Milán (1506-1513), el interés de Leonardo por los estudios científicos era cada vez más mayor. Acudía a disecciones de cadáveres, sobre los que elaboraba bosquejos para detallar la estructura y funcionamiento del cuerpo del hombre; al mismo tiempo creaba sistemáticas observaciones del vuelo de los pájaros, con el convencimiento de que también el hombre podría volar si conocía las leyes de la resistencia del aire.

Lamentablemente la Batalla de Novara en 1513 generó una nueva situación de inestabilidad política, impulsando a Da Vinci a abandonar Milán y dirigirse a Roma, donde se albergó en el belvedere de Giuliano de Médicis. Vivió una etapa  tranquila: estudió antiguos monumentos romanos, dibujó mapas, proyectó una gran residencia para los Médicis en Florencia y, también, reanudó su amistad con el gran arquitecto Donato Bramante, hasta su fallecimiento en 1514.

Tres años después sufrió una afectación en sus manos debido a una parálisis y contemporáneamente fallece su protector Giuliano de Médicis, que lo llevo a vivir en el palacio de Cloux ubicado en Francia bajo la protección del rey Francisco I. A partir de 1517 su salud continúo decayendo. El 2 de mayo de 1519 murió en Cloux. Su vida y obra tienen como soporte su profunda conexión con la naturaleza, su curiosidad y voluntad por comprender la complejidad de la vida en todas sus formas;  su testamento transfería a su alumno Francesco Melzi todos sus libros, dibujos y manuscritos, que el discípulo se encargó de retornar a Italia.

 

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