Historia de los Aztecas

Historia de los Aztecas
Autor: Guillermo Marín / CC BY-SA 3.0

Historia de los Aztecas

Los aztecas, se quedaron definitivamente, a principios del siglo XIV d. C., en el valle de México. Allí fundaron su ciudad capital llamada Tenochtitlan, ubicada en la zona del lago Texcoco. En ese lugar se encontraron con otros pueblos y con ellos lucharon por quedarse con las mejores tierras y por el control político de la región. A los pocos años tenían bajo control a todos sus vecinos y establecieron un imperio que mantuvo su dominio en toda la zona.

Los aztecas impusieron su jerarquía sobre sus aliados, y extendieron su dominio hasta las costas del océano Pacífico y del golfo de México. Obtuvieron riqueza y poder gracias a la imposición de un estricto sistema de tributación, de esta manera, a la llegada de los españoles, en los inicios del siglo XVI, su capital era considerada la urbe más importante y magnificente de su época. La lengua dominante entre los aliados fue el náhuatl, que se convirtió en la “lingua franca” de gran parte de Mesoamérica, utilizada para nombrar la geografía del México antiguo, sustituyendo inclusive las voces de otros ancestrales idiomas.

Era una sociedad que por encima de todo valoraba la destreza de los guerreros, lo que les proporcionó una ventaja frente a las otras tribus rivales de la zona a la hora de poder someterlos y conquistar nuevos terrenos. A finales del siglo XV, los aztecas controlaban la totalidad del centro de México, formando un imperio militar que obligaba a sus rivales a pagar tributos.

Poseían una agricultura avanzada que servía de sustento a una enorme población. Construyeron edificios inmensos de diseño grandioso y destacaron en diferentes ramas del arte. Trabajaban bien los metales, aunque no conocían el hierro. Al no tener ningún animal de tracción adecuado, no emplearon la rueda como elemento motriz.

En la mejor parte de su época, durante el gobierno de los once reyes, las ciudades que componían el Imperio azteca estaban unidas no sólo por una lengua común y por usos y costumbres similares, sino que, aun en el aspecto político y en el religioso, dependían de un poder central cuya sede se encontraba Tenóchtitlán.

El Estado mexica fue una teocracia porque el emperador era considerado de origen divino, y los sacerdotes tenían a su cargo numerosas funciones de gobierno; eran los responsables de la preparación de las ceremonias religiosas y de los juegos rituales.

Este estado estaba encabezado por el huey-tlatoani, gobernante máximo electo por un consejo integrado por representantes de los veinte grupos de personas emparentadas o clanes en que se dividía la sociedad. Cuando el tlatoani tenía que tomar decisiones fundamentales, deliberaba con algunos asesores. El más importante fue el Cihuacóatl, quien colaboraba con él en el gobierno y lo reemplazaba en caso de ausencias. En los niveles inferiores había muchos funcionarios; entre ellos, los jueces encargados de vigilar el cumplimiento de las normas y los guardianes de los depósitos de armas.

Una de las principales características que distinguía a la cultura azteca era su afición por los sacrificios. La mitología azteca establecía que debía alimentarse al sol con sangre humana para darle fuerza y que amaneciera todos los días. Los sacrificios humanos se realizaban a gran escala; varios miles de ellos en un mismo día era algo normal. En ocasiones las víctimas eran decapitadas o despellejadas, arrancándoles el corazón cuando aún estaban vivas. Los sacrificios se llevaban a cabo en lo alto de enormes pirámides, para estar más cerca del sol, por lo que la sangre se derramaba por los escalones. Aunque la economía azteca se basó principalmente en el maíz, pensaban que los cultivos dependían de la provisión regular de la sangre de los sacrificios.

La agricultura fue la base de la economía azteca, y el maíz, la calabaza y el poroto, eran los cultivos más importantes. El comercio también era una actividad muy extendida. Intercambiaban productos con pueblos de diferentes regiones. El comercio de los aztecas se basaba principalmente en el trueque. Además que posiblemente habrían existido ferias en el imperio al igual que en el imperio incaico. Normalmente los comerciantes mexicas (pochtecas) intercambiaban productos de Tenochtitlan y alrededores para conseguir productos de lujo de las otras ciudades y naciones. Los comerciantes llegaban hasta lugares lejanos con artículos de mucho valor y de poco peso, como el cacao, gemas, algodón o preciosas plumas.

Entre los aztecas los sacerdotes eran los dueños del conocimiento; conocían la astronomía, la medicina y la escritura. La mayoría de la población no tenía acceso a los saberes. Los aztecas medían el tiempo según un calendario, este calendario tenía 365 días, y un “año sagrado”, llamado Tonalamatl, de 260 días; unos de esos días eran considerados muy propicios, mientras otros eran tenidos por nefastos. Este ciclo se dividía en 13 series de 20 días, cada una de las cuales se representaba por un símbolo; el conjunto de estos signos puede verse grabado en la Piedra del Sol.

Esta civilización terminó con la llegada de los españoles, a principios del siglo XVI. La sociedad azteca, se vio afectada por enfermedades europeas transmitidas por los primeros comerciantes, se desmoronó definitivamente al enfrentarse a un pequeño ejército español equipado con armas de acero, armas de fuego y unos cuantos caballos. La crueldad de los aztecas contribuyó a su declive, ya que los españoles no tuvieron ninguna dificultad en contar con la ayuda de las otras tribus de México.

 

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