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Historia

Justiniano I

Biografía de Justiniano I
Autor: Petar Milošević / Licencia: Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International

Biografía de Justiniano I

Justiniano I (11 de mayo de 483 – 13 de noviembre de 565). Nació en Tauresio, Macedonia. Cerca del actual Yugoslavia Pertenece a una familia humilde y el nombre de su madre es Vigilantia. A la muerte de sus padres fue adoptado por su tío materno Justino, y junto a él se traslada a Constantinopla para recibir una educación de calidad. Recibió instrucción en teología, historia y jurisprudencia.  Comenzó a dedicar su vida a la carrera militar. Justiniano emprende su radiante carrera hasta alcanzar los más altos cargos del Estado; se casa con Teodora, una actriz de teatro conocida en la época por su vida libertina. Mientras su tío se convierte en el nuevo emperador en el 518. Justiniano consigue que lo nombre co-emperador en abril de 527.

Mientras Justiniano I reina, persigue el renacimiento del poderío romanoclásico, reconquistando variados territorios. Fue responsable de construir un período histórico distinguido por la edificación de rimbombantes monumentos arquitectónicos y por su labor legisladora. Se inicia con él una época tupida en acontecimientos culturales, bélicos y jurídicos. El emperador dejó su huella en la antigua colonia griega de Megara, Constantinopla, que más adelante fue la capital del Imperio romano de Oriente.

Justiniano I se mostró inquieto por las invasiones bárbaras a su territorio. Exhorta a su ejército para luchar fuertemente contra los persas y se organiza la reconquista de las provincias romanas de Occidente, sometidas al yugo de los invasores bárbaros. Les encomienda esta labor a sus generales más destacados, Belisario y Narsés, quienes magistralmente derrotaron a sus tradicionales enemigos e incorporan al imperio el norte de África y de Italia, así como numerosas ciudades costeras del sureste de España.  Justiniano I, uso su habilidad diplomática para extender los límites del imperio haciendo oportunos beneplácitos a los bárbaros vecinos. Su política se basó en mezclar las armas y la diplomacia, Justiniano firma con el rey persa Cosroes I el tratado de la paz eterna, muy favorable a los bizantinos, quienes no perdieron parte alguna de su territorio.

No todo se centró en el arte de la guerra, el espacio cultural también fue abonado por la semilla de este polifacético emperador, y la universidad acogió en sus aulas a figuras como el historiador Procopio y el poeta Romano el Melódico. La máxima expresión arquitectónica de la época de Justiniano I es la basílica de Santa Sofía, que por siglos se sitúa como centro principal de los ortodoxos. El arte bizantino quedó plasmado también en otras ciudades: en Ravena se puede admirar en las iglesias de San Vital y San Apolinar, que alojan maravillosos mosaicos.

Justiniano I era un hombre muy curioso, así que comenzó a indagar en el campo de los estudios jurídicos, posteriormente formó una comisión delegada de producir un nuevo código de las leyes imperiales promulgadas desde el período de Adriano. El trabajo de este grupo de comisionado, era preparar un manual para el uso de los estudiantes de leyes, que recibió el nombre de Instituía. Un año más tarde surgió una edición más completa del Código de Justiniano, que contenía las propias leyes elaboradas y promulgadas por el emperador. Su trabajo jurídico, como, por ejemplo, la producción de las nuevas leyes que reflejaron las necesidades contemporáneas, fueron supervisadas e influidas por Triboniano. Este sutil jurisconsulto era juez del palacio sagrado, uno de los ministros judiciales más importantes del imperio.

En la década de los años 540 se propago una terrible epidemia conocida como la plaga de Justiniano, situación que merma la mano de obra, mata cientos de personas y genera un estado de inestabilidad, esta causa natural pone en jaque el esplendor del momento. Hipótesis afirman que esta epidemia fue la peste negra. El imperio entonces comienza a perder los territorios que ha subyugado, debido a que los invasores y salteadores aprovecharon la ocasión para quitarle tierras al imperio hecho que solo se revierte hasta el siglo IX.

La aguda dedicación de Justiniano a los proyectos públicos disminuyó formidablemente hacia el final de su reinado, entregándose al estudio de los problemas referentes a la teología. El interés por los asuntos religiosos le llevó a publicar en el año 564 un edicto en el que afirmaba que el cuerpo humano de Cristo era incorruptible. Esta aseveración suscitó las protestas airadas de muchos eclesiásticos. Justiniano I se consideraba como el representante de Cristo en la tierra, y, por otra parte, el Imperio romano de Oriente no había desarrollado la concepción distintiva entre Iglesia y Estado que luego se desplegaría con el cristianismo latino.

El período de Justiniano en su rol de emperador se ha perpetuado en la memoria histórica universal merced a su legado como legislador, diplomático, teólogo y amante de la cultura. En su última fase de vida pasa su tiempo indagando la doctrina cristiana. Lo que le generó luego de su muerte la veneración como santo por la iglesia ortodoxa y por algunos organismos luteranos, su fecha de celebración religiosa es el 14 de noviembre. Justiniano I muere en el 565 sin engendrar hijos.  Por ello su sobrino Justino II ocupa el trono.