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Religión

Santa Catalina de Siena

Biografía de Santa Catalina de Siena
Dominio Público

Biografía de Santa Catalina de Siena

Catalina Benincasa (25 de marzo de 1347- 29 de abril de 1380) Nació en Siena, Italia. Santa y mística italiana considerada una de las figuras femeninas más destacadas de la Iglesia Católica. Contrariando los deseos de sus padres se inició en la vida religiosa como parte de la orden tercera de los Dominicos hacia comienzos de la década de 1360. En el trascurso de su vida como religiosa experimentó varios sucesos sobrenaturales como apariciones, visiones y trances. Tras recibir los estigmas de la pasión (1375), Benicasa se dedicó por completo a predicar por la paz y promover las cruzadas religiosas contra el Islam. Trabajo fuertemente en pro de la Iglesia durante su estancia Roma, ganando el reconocimiento de la iglesia. Fue canonizada en 1461 por Pío II y nombrada Doctora de la Iglesia por Pablo VI en 1970.

Familia e inicios

Nacida en el seno de una familia de clase media baja italiana, Santa Catalina de Siena tuvo como padres a Jacopo Benincasa y de Lapa Piangenti. Desde temprana edad comenzó a experimentar los arrebatos místicos, que la llevarían a optar por el aislamiento, la oración y la castidad. Decidida a perseguir a su vocación, Benincasa se negó a contraer matrimonio como era el deseo de sus padres. Cortó su cabello y se encerró en oración, hasta que sus padres cedieron. No obstante, estos continuaron negándose a la vida religiosa, por lo que optaron por mantener a la joven ocupada desempeñando labores en el hogar. Tras enfrentar varios obstáculos y superar la oposición de sus padres, Benincasa se inició como religiosa en la orden tercera de los Dominicos en 1363.

Vida religiosa de Santa Catalina de Siena

Una vez en el convento, Benincasa compaginó sus labores en pro de los menesterosos, huérfanos y enfermos con su vida de oración y meditación. Durante este periodo continuó experimentando visiones y trances que hacían de su vida una de las experiencias más cercanas a Dios. La fama de sus dones y virtudes le dieron gran popularidad en el seno de la iglesia y toda la región. Pronto empezó a llamar la atención de las personas y muchos comenzaron a reunirse a su alrededor para escucharla hablar sobre la paz, el amor, los dones y su relación con Dios.

A los veinticinco años comenzó su participación como religiosa en la vida pública de la ciudad, convirtiéndose en una de las conciliadoras más reconocidas de su comunidad. Ayudo e influyó en el retorno de los pontífices a Roma, siendo el papa Gregorio XI el primero en dejar Aviñon para establecerse en Roma. Desde entonces se convirtió en una de las piezas claves de la iglesia entorno a las negociaciones y conversaciones con figuras destacadas de la política italiana. Fue escogida como embajadora por los sumos pontífices Gregorio XI y Urbano VI para encargarse de cuestiones delicadas como la promoción de las cruzadas en contra del islam.

Catalina de Siena dictando sus Diálogos

Catalina de Siena dictando sus Diálogos

Mientras llevaba a cabo sus labores como embajadora y conciliadora de la Iglesia, Benincasa recibió los estigmas de la pasión en 1735, siendo una de las pocas religiosas de su tiempo que vivieron esta experiencia. Aunque no contaba una formación académica, como muchas de las mujeres y hombres de su época, Benincasa dictó sus discípulos su libro titulado Diálogo de la divina providencia (1378), una compilación de sus experiencias místicas y consejos religiosos para hallar el camino de la salvación. Actualmente su libro es considerado una de las obras clásicas del catolicismo, no solo por su profundidad teológica sino también por la influencia de la santa en el seno de la Iglesia.

Tras trabajar sin descanso en pro de la iglesia y de las cruzadas, Benincasa falleció el 29 de abril de 1380 en Roma, consumida por las fatigas y los arrebatos místicos. Siendo considerada una de las místicas más importantes del siglo XIV, Benincasa fue canonizada por el Papa Pío II en 1461 y cinco siglos después fue nombrada Doctora de la Iglesia (1970) por el Pablo VI, convirtiéndose en una de las tres mujeres que ostentan ese título junto a Santa Teresa de Avila y Santa Teresita de Lisieux .

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