Historia

La Guerra de la independencia española

Historia de la Guerra de la independencia española

La Guerra de la independencia española (2 de mayo de 1808 – 17 de abril de 1814) conflicto armado surgido tras la entrada de las tropas napoleónicas en la Península Ibérica con la supuesta intención de invadir Portugal para obligar a aquél país al cierre de sus puertos frente a posibles desembarcos británicos. Fue un conflicto de corte popular, se desató cuando el alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón, proclamó un oficio informativo llamando a las armas para acudir en socorro del rey, Fernando VII; retenido por Napoleón.

 

Antecedentes de la Guerra de la independencia española

España se encontraba bajo el reinado de Carlos IV, su autoridad era bastante débil, y por ello, básicamente, España estaba regido por las ordenes de su primer ministro: Manuel Godoy. En principio, tras la revolución en Francia, España se había aliado con los países antirrevolucionarios, pero la situación no fue a su favor luego de una serie de derrotas se firmó la Paz de Basilea con los franceses, por lo que España nuevamente apoya militarmente a Francia. España se convirtió casi en una colonia de Francia; obedecía las órdenes del emperador Napoleón. Para el año de 1807 Napoleón se encuentra en uno de los puntos álgidos de su imperio, sustentado en el Tratado de Fontainebleau, comunica al gobierno de España su intención de enviar hasta Portugal, un ejército en cabeza del Mariscal Junot, estas tropas deben pasar por zona española.

Invadida Portugal, el Mariscal Junot se hace cargo del gobierno de este territorio. En ese proceso varias tropas francesas ocupan las zonas de Barcelona, Pamplona y San Sebastián, contando con el beneplácito de la corona española, aceptaron luego de ser convencidos que había una gran necesidad de asegurar el frente sobre Portugal; así, Napoleón se hizo dueño de la frontera asegurando el control del acceso por tierra a la Península.

 

Abdicaciones de Bayona

Godoy supo que las intenciones del emperador francés no eran buenas y por ello, organizó la huida de la familia real, pero, fue un fracaso. Godoy cayó (a este evento se conoce como el motín de Aranjuez) y Carlos IV se vio forzado a abdicar en su hijo Fernando VII. Ahora bien, meses después, luego de un engaño, ambos acabarían firmando las abdicaciones de Bayona por las que cedían a Napoleón Bonaparte sus derechos a la Corona, quien a su vez las cedería a su hermano José I Bonaparte.

 

El inicio de la revolución española

Cuando el pueblo español descubre la situación no dudan en reaccionar violentamente el 2 de mayo de 1808, la represión hace que todas las regiones se levanten en armas contra los franceses, incluso en las colonias americana los criollos, especialmente, demostraron su apoyo al Rey Fernando VII y exigieron la caída de Napoleón.  Retomando la situación en España, se creó la Junta Central Suprema conformada por trece Juntas Provinciales, con sede en Sevilla. Para el día 24 de enero de 1810, se disolvió y se creó un Consejo de Regencia cuyo principal cometido fue la convocatoria de Cortes.

Durante varios años las confrontaciones fueron fuertes y contundentes. Los españoles se organizaron en guerrillas organizando una feroz resistencia. Los más destacados fueron: Juan Martín “El Empecinado”, Espoz y Mina, Julián Sánchez “El Charro” y Jerónimo Merino Cob, sacerdote, apodado “El cura Merino”. Lucharon contra Napoleón y también contra los ciudadanos que aplaudían la ausencia del rey, también un grupo denominado los afrancesados, quienes apoyaban la ocupación francesa, formado en su mayoría por miembros de la nobleza y algunos franceses instalados en España.

La situación perfecta para dar la última estocada se presentó en 1812, cuando los franceses iniciaron la campaña a Rusia, por lo cual se valieron de algunas sus fuerzas dispuestas en la Península. Artthur Wellesley, al frente del ejército inglés aprovechó esta situación para tomar Ciudad Rodrigo y Badajoz. En junio, los franceses fueron derrotados en Salamanca y un mes más tarde, en Arapiles. Al año siguiente, los franceses se retiraron hacia los Pirineos, luego de perder la Batalla de Vitoria, el 21 de junio, y en agosto, la Batalla de San Marcial.  Finalmente, por el Tratado de Valencay, firmado el 11 de diciembre de 1813, Fernando VII, recuperó el trono español.

 

Consecuencias de la guerra española

La guerra dejó una gran cantidad de muertes, la destrucción de bienes, y supusieron para la situación económica y social del país un serio quebranto. En cuanto a lo militar surgieron nuevas estructuras que irrumpieron en la tradicional estructura militar porque personas de extracción popular lograron entrar a las líneas militares. En el plano político se desató un ambiente de inestabilidad lo que fue aprovechado por algunos criollos en las Américas que aprovecharon para crear movimientos independentistas. En el aspecto ideológico las posturas se dividieron en dos bandos, como consecuencia se desencadenaron tres enfrentamientos civiles en el siglo XIX y que, daría lugar a lo que se ha denominado “las dos Españas”

. Un bando conformado por los absolutistas, y su tarea era retornarle el trono a Fernando VII. Mientras que, el otro bando eran los liberales, proponían el derrocamiento del sistema monárquico.

Tres años después la población apenas sumaba once millones de habitantes. No solo las muertes fueron por causas violentas sino por las epidemias de tifus, cólera o disentería, así como la escasez de alimentos como consecuencia de las requisas de los militares, y la falta de trabajo rural por el desplazamiento. Muchos franceses residentes en España tuvieron que exiliarse para eludir las represalias de los vencedores. Esto fue un gran impacto para el nivel cultural, la intelectualidad del país y los intelectuales de la época tales como: artistas, escritores, eruditos, juristas.

Con la reasunción de Fernando VII, se iniciaría una lucha contra la independencia americana, que costaría miles de vidas. Pero, el esfuerzo en apagar las insurrecciones en las colonias generó una gran crisis económica en la metrópoli, se paralizó la producción agrícola y la industria española, provocando el fin del imperio.