José Clemente Orozco

Biografía de José Clemente Orozco
Autor: David Alfaro Siqueiros / Dominio Público

Biografía de José Clemente Orozco

José Clemente Orozco (23 de noviembre de 1883 – 7 de septiembre de 1949), muralista y litógrafo mexicano. Nacido en Zapotlán, México. Su familia se mudó a Guadalajara y al poco tiempo a la Ciudad de México. Cerca de su casa había una imprenta de José Guadalupe Posada, el joven tenía gran empatía con el dueño de la imprenta. Esta situación lo llevó a interesarse por la pintura. Posada, mientras trabajaba, le brindaba sencillas lecciones de color.

Orozco se inscribió en la Academia de Bellas Artes de San Carlos para estudiar dibujo en la jornada nocturna. Realmente su familia no estuvo muy de acuerdo con esto, aunque nunca dudaron su gran talento. Luego, por órdenes de su padre, en 1897, ingresa a la Escuela Nacional de Agricultura en San Jacinto, para estudiar agricultura, logró ganar dinero dibujando mapas topográficos. Pero el destino profesional anhelado por su familia no satisfacía las aspiraciones de Orozco. Muy pronto tuvo que tomar una decisión al respecto. Finalmente, en 1909 decidió consagrarse por completo a la pintura.

De 1911 a 1916, José Clemente Orozco se desempeñó como caricaturista en publicaciones como: El Hijo del Ahuizote y La Vanguardia, también realizó una admirable serie de acuarelas que representaban los barrios marginados de la capital, demostrando una originalidad muy manipulada por las tendencias expresionistas. Esto le ayudó a conseguir los ingresos económicos necesarios. Durante estos años, conoció personalidades que inyectarían voluntad a sus sueños: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo.

En 1916, tras un trabajo de meses, realizó su primera exposición individual ubicada en la librería Biblos de la Ciudad de México. Se llevó a cabo bajo el título de La Casa de las Lágrimas, consagrada a las prostitutas; el autor demostró originalidad en la concepción, optando decididamente por la crítica social. Luego, decidió viajar a San Francisco y a Nueva York para emprender un proyecto muralista, pintó murales para el Pomona College de California, el Dartmouth College y la New School for Social Research de Nueva York; en la decoración de esta última pintó sobre yeso húmedo; fue un suceso innovador porque era la primera vez que tal técnica se presenciaba en Nueva York.

De las amistades que construyó, dos fueron muy importantes: la de Diego Rivera y la de David Alfaro; con ellos detectó un problema que aquejaba el arte muralista en México, la falta de patrocinio gubernamental, así que, como respuesta establecieron el sindicato de pintores y escultores en el que reivindicaron el muralismo como expresión artística. A esta causa también se unió Siqueiros. La lucha sindical comenzó a dar pequeños resultados. En 1926 la Secretaría de Educación le encargó pintar en la ciudad de Orizaba, un mural, en el edificio del Palacio Municipal, llamado Reconstrucción.

José Clemente Orozco hizo florecer el arte pictórico mexicano gracias a sus originales creaciones, impregnadas por las tendencias artísticas que surgían en la vieja Europa. Orozco, siempre estuvo muy pendiente de las actualizaciones en el mundo del arte que podía conocer. En ese sentido, este muralista colaboró con la modernización estética del arte de Latinoamérica. Una de las cuestiones que abrazó la modernización fue el empeño por llevar a cabo una tarea de educación de las masas populares, con el fin de motivarlas a la adquisición de conciencia revolucionaria y nacional. Para generar esto utilizaron un lenguaje plástico directo, sencillo y contundente.

Muchas veces su trabajo fue equiparado con el del gran pintor francés Toulouse-Lautrec, ya que con la pintura de Orozco titulada «la gente de la calle», él representaba el ambiente de los cafés, los cabarets y las casas de mala nota. Estas representaciones eran características del pintor francés. Orozco fue admirado por su capacidad de reflejar en el lienzo algo más que la realidad física del objeto. Además, fue uno de los artistas con mejores representaciones sobre la Revolución Mexicana con sus caricaturas en La Vanguardia, adhiriéndose a la tradición satírica de finales del siglo XIX, creada por Escalante y Villanueva.

Foto: Joaquín Martínez Rosado / CC BY-SA 2.0

En 1922, se une al movimiento muralista mexicano, que poco a poco ganó popularidad a nivel internacional. En el país mexicano llenó de monumentales obras las principales ciudades del país, expresando un carácter nacionalista, didacta y popular, influido por una ideología claramente izquierdista, practicaron y reivindicaron la concepción del «arte de la calle». El movimiento se caracterizó por inspirarse en el arte precolombino y las raíces populares mexicanas. Los artistas crearon un estilo que expresó sus preocupaciones políticas y sociales y su voluntad didáctica. José Clemente Orozco optó por el compromiso político, reflejó la tragedia y el heroísmo que posee la historia mexicana.

Emprendió un nuevo viaje hacia España y luego Italia, en estos países se dedicó a visitar museos y estudiar las obras de sus más admirados pintores. Puso total atención en el arte barroco y, desde ahí en sus obras posteriores utilizó grandes diagonales, asimismo el efecto del claroscuro, cuya aplicación le permitió dar un poderoso efecto dramático que antes no estaba presente en sus obras. Pasó por Inglaterra, pero de ahí no aprendió mucho. Decidió retornar a su tierra natal. Fruto de todos sus viajes, nació una obra monumental, hondamente dramática por su contenido y los acontecimientos históricos, sociales y políticos que relata, contemplados desde el desencanto y desde una perspectiva izquierdista, pero también por su estilo y su forma; por el trazo, la paleta y la composición de sus pinturas. Esta obra fue Dioses del mundo moderno (1932)

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Realizó una autobiografía en el año 1945, expresó el agotamiento por una lucha política muchas veces traicionada, el desencanto por algunas de sus experiencias y su contundente rechazo a realizar una copia del arte europeo. Su gigantismo, sus llamativos colores, aquella figuración narrativa basado en lo anecdótico, respondían a unas necesidades objetivas que para el contexto europeo eran exóticas. Lo importante es que para Orozco el muralismo era un arte que pretendía servir a la memoria del pueblo, realizar una interpretación de la historia, con una convincente fuerza expresiva.

Por ejemplo, la obra Cortés y la Malinche realizada para la Escuela Nacional Preparatoria de México D. F., por medio de luces y sombras pone de relieve un momento crucial en la historia de México. A partir de 1932, realizó para la Biblioteca Baker del Darmouth College de Hannover, una serie de seis frescos monumentales. Orozco también realizó dos murales para la Suprema Corte de Justicia de México D. F.: La justicia y Luchas proletarias, desarrollado durante 1940 y 1941. Otra importante labor realizada fue su último gran mural, homenajeando uno de los políticos más representativos de México, Benito Juárez que, por sus orígenes indígenas y su talante liberal, mereció la admiración del muralista. Esta obra fue plasmada en el histórico Castillo de Chapultepec.

Posteriormente, se refleja un espíritu de innovación, expresado en la experimentación de nuevas técnicas en el mural La Alegoría nacional, en cuya realización integró fragmentos metálicos incrustados en el hormigón. También expresó cierta innovación en el desarrollo de un mural en el edificio multifamiliar Miguel Alemán. Lamentablemente no pudo ser terminado porque la muerte le sobrevino a Orozco. José Clemente Orozco murió el 7 de septiembre de 1949 en la Ciudad de México. Su aporte a la pintura nacional llevó al presidente Miguel Alemán a ordenar que sus restos fueran sepultados en el Panteón de los Hombres Ilustres.

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