Historia del Radar

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HISTORIA DEL RADAR

De todos los adelantos técnicos decisivos en la segunda guerra mundial, el radar es quizá el más conocido. Desempeñó un rol protagónico en la batalla de Inglaterra. Sin embargo, la historia del radar nace tiempo atrás, y su principio de funcionamiento no era ningún secreto, ya que se habían hecho muchos ensayos en varias naciones.

En las primeras investigaciones sobre las ondas de radio, se había comprobado que a estas las pueden reflejar ciertas materias, igual que las ondas luminosas, y ya en 1904 se patentó un sistema para impedir accidentes mediante el empleo de ondas de radio que eran devueltas por un objeto.

Los problemas técnicos de la construcción de un aparato de este tipo no son grandes, puesto que todo lo que hay que saber es si se encuentra otro barco en las proximidades del nuestro. Pero para que el sistema resulte práctico se necesita saber además la distancia y la dirección exacta del otro objeto, y esto sí es difícil de lograr.

En los primeros ensayos hicieron transmisiones en onda continua, una señal fija, realmente. Hacia 1925, no obstante, los investigadores empezaron a emplear vibraciones, midiendo el tiempo entre el envío y la recepción. Para empezar, trataron de descubrir la altura de la ionosfera, capa de la atmósfera superior que refleja las ondas de radio. Este tiempo es de una fracción de segundo: se requería, pues, un medio de interpretar la información recibida. En esto se basa el auténtico radar.

Muchos gobiernos mostraron si interés por el uso de estas vibraciones con fines militares, subrayando algunos aspectos especiales. Pero en Inglaterra se sintió más acusadamente la necesidad de disponer de un sistema de alarma seguro. El poderío militar creciente en Alemania revelaba que tarde que temprano ese sistema sería vital, por lo que en 1934 una comisión científica empezó a investigar sobre distintos sistemas.

Una de las ideas vino de Robert Watson-Watt, del Laboratorio Nacional de Física, al experimentar con un transmisor de onda corta y lograr buenos resultados. Se puso a trabajar en equipo y en 1938 ya habían montado una cadena de estaciones de alarma a lo largo del estuario del Támesis. Esta red, la cual se extendió luego de por todo el sur, fue utilísima en la batalla de Inglaterra.

El radar de tierra no tiene limitaciones de tamaño: antenas y equipos pueden ser tan grandes como se precise, pero el de los aviones debe ser pequeño. Los haces deben ser muy definidos a fin de no captar otros reflejos de ondas de la misma dirección. Esta limitación de tamaño solo puede lograrse con ondas cortas, tales como las microondas. Las microondas miden unos pocos centímetros y tienen frecuencias de varios cientos de millones por segundo.

En 1939 no se había diseñado ningún aparato apto para tan altas frecuencias con la enorme frecuencia que se requiere para un trabajo intenso y de largo alcance. En el otoño de 1939 empezó a trabajar en las Islas Británicas un equipo cuyo objetivo era construir un transmisor adecuado, para lo cual se utilizó, como punto de partida varios procedimientos norteamericanos. A comienzos de 1940 dio con el magnetrón de cavidades, que podía producir nada menos de 50.000 kilovatios de potencia de impulsos cientos de veces mayor que la disponible hasta entonces.

Aproximadamente por entonces, los expertos británicos y norteamericanos unieron sus esfuerzos, y el radar de microondas empezó a ser utilizado por los aviones aliados. Uno de los inventos realizados conjuntamente fue el sistema de representación denominado PPI, indicador de posición en el plano, la tan popular pantalla circular barrida por un haz luminoso. Proporciona una imagen nítida del terreno sobre el que se está y permite a los pilotos fijar con mayor exactitud su posición. En los barcos permite ver de una sola ojeada todo un convoy, además de que se usó contra los submarinos es de una enorme eficacia.

Por el contrario, el radar alemán no había progresado tanto y seguía utilizando ondas largas. hasta 1943 no se supo que los aliados tenían de microondas. Su magnetrón de cavidades no lo pusieron a punto los alemanes hasta el final de la guerra.

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