Historia de la moneda

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HISTORIA DE LA MONEDA

Entre los pueblos primitivos lo que nosotros llamamos «dinero» adopta múltiples formas. En determinados lugares, la riqueza o capacidad adquisitiva consiste en ganado o en barras de metal. Hasta hace poco, en África oriental de empleaban piezas de hierro en forma de cuchilla de hoz para hacer transacciones.

También había diferentes formas de dinero en la Europa y el Oriente Medio prehistóricos y, a partir del año 2000 a.C., había un amplio comercio de lingotes de cobre, generalmente en forma de piel de toro. Se empleaba a menudo bronce en forma de arandelas para el cuello y más tarde se comienzan a usar como dinero barras de hierro. Curiosamente, el oro y la plata no se usaron como dinero en esa época, debido a la pobreza de la tecnología metalúrgica de aquellos tiempos.

El oro y la plata se adulteraban fácilmente con cobre, por lo que no se utilizaron como dinero hasta que aparecieron los métodos de la piedra de toque (basanita) para reconocer el oro y de cupelación para purificar metales.

Muchos historiadores coinciden en que las primeras monedas se hicieron en Lydia, Asia Menor occidental, hacia el año 700 a. C. La moneda más antigua de la que se tenga registro se conoce como Lydian Lion, fue acuñada por el Rey Alyattes de Sardes, Lidia, antigua ciudad de Asia Menor, en la actual Turquí­a, pesa alrededor de 4. 44 gramos y sus dimenciones son de 12 × 1 1x 4 mm.

Lydian Lion – Primera moneda fabricada en el mundo

Es interesante conocer el primer método adoptado para la manufactura de monedas porque, básicamente, es el mismo que se emplea hoy en día. Primero se pesaba la cantidad exacta de oro en pequeños fragmentos que, después, se colocaban en unas depresiones redondas y poco profundas de un molde de arcilla. Se calentaban y, al fundirse, el metal cubría el fondo de la depresión. Una vez frías, se sacaban las piezas redondas de oro resultantes y se colocaban sobre un yunque en el que se las sellaba (acuñaba) con un troquel con el símbolo del rey o estado que las emitía. En ocasiones se empleaban dos troqueles, uno para cada cara de la moneda. La principal razón de sellarlas era la de garantizar de alguna manera su peso y pureza. Aun así, las primeras monedas no fueron empleadas como dinero, sino más bien para hacer más manejable el oro en bruto. De momento se seguía llevando a cabo el comercio por medio de cambios y trueques.

Hasta el siglo II a. C. no parece que existiese una auténtica economía basada en la moneda, aunque, tras su aparición, su crecimiento se vio considerablemente acelerado por la expansión del Imperio Romano. Ya no se podían acuñar sólo monedas de oro y de plata, sino que hubo también que emitir otras monedas de menor valor, hechas por ejemplo de bronce.

También ocasionó confusiones la introducción de nuevas aleaciones, como, por ejemplo la de Pinchbeck (llamada así por su inventor, un relojero inglés del siglo XVIII, a base de cobre y zinc), que daba monedas tan brillantes como el oro y mucho más baratas.

Durante muchísimo tiempo prácticamente hasta el comienzo de la primera guerra mundial, se han fabricado, acuñado y han circulado por el mundo monedas de oro y plata, de más o menos ley en función de la riqueza del país en cada momento concreto, que no sólo representaban un valor de cambio sino un valor en sí misma.

En la actualidad estos metales preciosos ya no se emplean más que para la acuñación de monedas conmemorativas de algún acontecimiento importante, siendo las de circulación normal de aleación de metales de escaso o nulo valor intrínseco.

Las monedas de oro o plata han pasado a ser valiosas elementos de las colecciones de los aficionados a la numismática.

 

Historia de la falsificación de las monedas

La falsificación de moneda es tan antigua como su acuñación. El falsificador, sin embargo, tenía dos alternativas solamente, o seguía desde el principio todo el proceso, tallando troqueles falsos, lo que era muy difícil, o preparaba un molde con una moneda auténtica y fundía metal sobre él. En este caso, el falsificador tendría que eliminar el reborde o rebaba formado en la conjunción de las dos caras del molde. En cualquiera de los dos casos, un examen detallado de la moneda demostraría su falsedad, y ésta es la razón, más que ninguna otra, de que se haya mantenido el empleo de un troquel.

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