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Historia

Historia de la agricultura

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Historia de la agricultura

Cansadas de errar por el mundo, las antiguas tribus decidieron aprender a cosechar sus propios alimentos. Agricultura se refiere entonces al cultivo del campo, de la tierra, para el bien de una comunidad. La idea de agricultura se opone a la de nomadismo, en tanto que implica la protección de aquello que se ha cultivado, ya sea contra plagas o proporcionándole los cuidados necesarios. Por ello podemos encontrar datos de su práctica entre el siglo X y el VI antes de Cristo, épocas en que surgían culturas como la del Antiguo Egipto, Mesopotamia y China; y en que florecían ciudades como la de Jericó.

La agricultura tiene su origen en el periodo Neolítico. De hecho, es una las causas por las que este periodo tiene lugar, ya que aparece como una alternativa a los anteriores modos de sustento: la caza, la pesca y la recolección, marcando una nueva fase en la historia de la humanidad. Como consecuencia, hizo que nuestra especie se hiciera dependiente de los cultivos, que nuestra dieta fuera menos variada, y que la población, al no estar sujeta a los riesgos de la cacería, aumentara su número.

Para este tiempo, los cultivos en el antiguo continente y en algunas zonas de áfrica fueron de trigo, cebada, lenteja, guisantes, garbanzos y lino; por su parte, en el Oriente se cultivó más que todo arroz. Estas primeras plantaciones estuvieron sujeta

s al desconocimiento de las formas de riego, por lo que dependían del clima o de estar cerca de fuentes hídricas, como es el caso del Antiguo Egipto, donde se cultivó alrededor del Nilo.

El Imperio Romano dio a la agricultura grandes aportes. Aunque estaban limitados a la trilogía mediterránea (sólo tres cultivos: la vid, el trigo y el olivo), los romanos introdujeron el uso del arado, con el cual se abrían surcos sobre la tierra con carros tirados por bueyes. De la misma forma, descubrieron los beneficios que traía para la tierra el abono y el dejar de cultivarla por al menos una o varias temporadas para que la tierra recuperara su fertilidad. A esto último se le conoce con el término de barbecho.

Al igual que antes, la agricultura fue determinante en los cambios que sufrieron las formas de vida. Como el Imperio mantenía en constante expansión, necesitaba hombres para la guerra. Por esto, los cultivos que antes pertenecían a los campesinos y a sus familias, pasaron a manos de los soldados y los conquistadores, quienes asignaban a estas labores a sus esclavos. Así, el poder dejó de estar en las ciudades y comenzó a ubicarse en las periferias, donde una sola persona gobernaba una extensión de tierra, y a las gentes que trabajaban en ella para su favor. Esto significó el comienzo del feudalismo.

Tras esto, y ubicándonos ya en la Edad Media, la figura del esclavo fue sustituida por la del siervo, el cual tenía mayores beneficios del campo que cultivaba para su señor feudal. La alta demanda que exigían estas comunidades feudalitsas trajo consigo importantes innovaciones a la agricultura: se introdujo el molino hidráulico y luego el de viento, por parte de los árabes; se dejó a un lado el arado romano para implementar la vertedera y otros arados pesados con ruedas; y se sofisticaron las herramientas manuales, como las guadañas, las hoces, los trillos y los aperos de labranza. Esta serie de cambios dio como fruto un incremento en la población y la introducción de diferentes cultivos, lo que ayudó a que la dieta tuviera mayor variedad de productos.

En la Edad Moderna, los cultivos tuvieron nuevos productos gracias al descubrimiento de América. Del viejo mundo se trajeron cultivos como la vid, el trigo, el algodón, el café y la caña de azúcar. Mientras que del nuevo continente se llevaron cultivos como el maíz, el pimiento, la patata, el tomate y el tabaco. Para estas fechas, Europa se encontraba dividida: los países del sur seguían apostando por el modelo feudalista, en tanto que los del noroccidente apostaban por la reivindicación de los siervos, lo que llevó a la explosión de la Revolución Agrícola, estrechamente ligada a la Revolución Industrial.

En el siglo XIX, la globalización impuso a los diferentes cultivos del mundo una estandarización tanto de las medidas como de los precios. Para esta misma época, se introdujeron diferentes maquinarias, abonos químicos, y se le prestó mayor atención a la agricultura desde las disciplinas científicas.

Hoy en día, la agricultura depende en gran medida de los avances tecnológicos, como el tractor, los insecticidas y las regaderas, ya que la demanda de productos supera en gran medida lo que el hombre pudiera hacer solo. La agricultura ya no está sujeta únicamente a la alimentación, pues se producen cultivos para la creación de combustibles orgánicos, para la elaboración de productos farmacéuticos, de productos químicos concretos, para la recolección de flores e incluso para actividades ilícitas, como el narcotráfico.

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