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Federico I Barbarroja

Biografía de Federico I Barbarroja
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Biografía de Federico I Barbarroja

Federico I de Hohenstaufen (1122 – 10 de junio de 1190) emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, rey de Alemania y duque de Suabia bajo el nombre de Federico III de Suabia. Nació en el río Salef, Cilicia, actual Turquía. Más conocido como Barbarroja. Su padre era el duque Federico II de Suabia y su madre era Judit de Baviera, heredó de su padre el gobierno del ducado suabo en el año 1147, en ese mismo momento, participó en la Segunda Cruzada junto a su tío, el emperador Conrado III, quien lo nombró heredero.

Cuando murió el emperador Federico I Barbarroja, en 1152, fue designado rey de Alemania por aclamación de la Asamblea de príncipes, la decisión fue guiada porque su personalidad era la que necesitaban en la monarquía: enérgico y valeroso, fue capaz de darle fin a los enfrentamientos que, desde 1125, mantenían en todo el reino los gibelinos, partidarios de los Hohenstaufen, procedentes de Suabia, y los güelfos, seguidores de los Welf de Baviera. A fin de alcanzar un estado de tregua, Federico I, miembro de la familia Hohenstaufen, tomó la decisión de ceder el ducado de Sajonia a su primo Enrique el León (un poderoso jefe güelfo) y le nombró cabeza de la expansión alemana hacia el este.

Federico I Barbarroja, era muy ambicioso, por ello, fue más allá de las fronteras de Alemania, pues, tomó como propia la continuación de la obra de Carlomagno y Otón I, el monarca tenía el propósito de crear un imperio universal que restaurase la grandeza del Imperio Romano, para ello era preciso someter al Papado y a las ciudades italianas. En la dieta de Constanza ocurrida en 1153 prometió ayudar al papa Eugenio III a sofocar la rebelión de los romanos. Arnaldo de Brescia estaba al frente, habían expulsado al pontífice y constituido la libertad del territorio. Federico I Barbarroja entró con su ejército en Italia, y al año siguiente tras haber derrotado y apresado a Arnaldo de Brescia, quien murió en la hoguera como hereje fue coronado en Roma emperador del Sacro Imperio Romano Germánico por el papa Adriano IV (1155).

De nuevo en Alemania, extendió sus dominios hasta los territorios de Polonia y Escandinavia y estratégicamente contrajo matrimonio con Beatriz, hija y heredera de Reinaldo III de Borgoña. Regresó a Italia para tomar Milán en 1158, y ese mismo año, en la dieta de Roncaglia, asumió todos los derechos de los antiguos emperadores romanos, también la designación personalmente de los cónsules de las ciudades italianas. Ahora bien, muchos municipios declararon su oposición frontal a la política imperial y el Papado le prohibió ejercer estas prerrogativas en los Estados Pontificios.

Posteriormente, fue elegido papa de Alejandro III, firme defensor de la teocracia pontificia y, por tanto, de la sumisión del emperador a la autoridad papal, lo cual generó mayor conflicto e impulsó a Federico I Barbarroja a apoyar el nombramiento, sucesivamente, de los antipapas Víctor IV (1159) y Pascual III (1164). En el año 1167, las ciudades del norte de Italia respondieron al constituir una poderosa Liga Lombarda, que tras años de lucha lograría una victoria decisiva sobre las tropas imperiales en Legnano (1176).

A raíz de esta derrota, Federico Barbarroja tuvo que firmar en 1177 la paz de Venecia, en donde reconoció al papa Alejandro III, y se sometió a sus dictámenes, en 1183, en la paz de Constanza, aceptó las libertades comunales, aunque conservó sus dominios de Toscana, Spoleto y Ancona. En la dieta de Maguncia (1188), decidido a liberar Jerusalén, a la sazón en poder del sultán Saladino, se comprometió a dirigir la Tercera Cruzada, y así, en el año 1189 partió con tal propósito hacia Cilicia, lamentablemente allí encontró la muerte, el 10 de junio de 1190, mientras se bañaba en el río Salef sufrió un ataque de apoplejía, y falleció por ahogamiento.

En las creencias populares medievales, se mantiene la idea de que Barbarroja no ha muerto y que sigue viviendo hasta que el Reino lo necesite de nuevo. La tradición asegura que, vive en los montes Trifels, Kyffhäuser o el Untersberg. De este modo surgió la idea del emperador durmiente, se atribuyó inicialmente a su nieto Federico II y sólo más tarde a Barbarroja. El cuento El herrero de Jüterbog se refiere al tema. Su figura es tan importante que hay un busto suyo en el Templo del Valhalla. En el ámbito de la literatura, fue objeto de inspiración para Umberto Eco en la novela Baudolino.

Definitivamente, su figura es muy admirada por los personajes influyentes de su tiempo, por ejemplo, el abad Wibaldo, aseguró que Federico I tenía un gran ingenio, habido para la guerra, ávido de gloria, disertador brillante, interesado así mismo por la historia, y el derecho, en ese sentido, Federico encarnaba al ideal de su tiempo. Su hijo y sucesor Enrique VI tuvo grandes habilidades diplomáticas que le permitieron estar cerca de la idea de dominación universal.

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