Médicos

Edward Jenner

Biografía de Edward Jenner
John Raphael Smith / Dominio Público

Biografía de Edward Jenner

Edward Jenner (17 de mayo de 1749 – 27 de enero de 1823) anatomista y médico, considerado como el padre de la inmunología.  Su lugar de nacimiento fue Berkeley, Gloucestershire, Gran Bretaña. Cuarto hijo del reverendo Jenner, vicario de Berkeley. Cuando tenía 5 años su padre falleció y pasó bajo la protección de su hermano mayor, también clérigo. Mientras estudiaba en la escuela local, demostró gran interés por la naturaleza y los animales, lo que desencadenó su gusto por la zoología. Al mismo tiempo que estudiaba, dedicaba su tiempo libre a asistir a uno de los pocos médicos de la población. Al salir de la escuela, realizó estudios relacionados con el plumaje de las aves, la historia natural de las anguilas y la temperatura de los erizos.

A los 21 años decide darle un rumbo a su vida profesional y académica, se trasladó a Londres para iniciar sus estudios de anatomía y cirugía en el Hospital San Jorge, allí conoció al famoso cirujano, mientras realizaba la etapa práctica, John Hunter. Entre ellos surgiría una amistad que perduró hasta la muerte del maestro. Se desempeñó durante nueve años como su aprendiz de cirujano, esta labor era tan importante para Edward Jenner que rechazó el puesto de naturalista en la segunda expedición del capitán Cook por el océano Pacífico.

Luego de largos años de aprendizaje, se siente capacitado para retornar a su pueblo natal para ejercer la medicina. En 1773 habilitó un pequeño consultorio en el que realizaba consultas privadas, poco a poco, fue obteniendo prestigio entre los pobladores. Años más tarde, conoce a Catalina Kingscoke, tiempo después contraen matrimonio, Catalina colaboró de modo notable con la labor de su marido, y también se encargó del cuidado de sus tres hijos.

En este periodo de tiempo, se expandió una epidemia que arrasó con la vida de muchas personas, Jenner decide iniciar el rastreo sobre esta enfermedad, conocida como la viruela. Así que su primera acción fue observar detenidamente durante largas horas el ambiente en el que se desarrollaban las personas contagiadas. Como primer resultado, el doctor Edward Jenner percibió que las mujeres que ordeñaban vacas desarrollaban con menos frecuencia la viruela. En una de sus visitas por lejanos territorios atendió a una chica que lo consultó sobre unas erupciones cutáneas, ella era ordeñadora, Edward asemejó rápidamente los estudios previos, detectándole viruela.

Edward Jenner descubrió que la viruela es una variante de la viruela de las vacas. En 1796 extrajo materia infectada de un paciente afectado por la viruela de las vacas y la inoculó a un niño de ocho años, que ágilmente desarrolló fiebre leve y pequeñas lesiones en la piel. Tras su recuperación, inoculó nuevamente al niño, pero esta vez con el virus de la viruela, sin que la enfermedad llegara a desarrollarse. En este sentido, descubrió que la misma enfermedad no se desarrollaba dos veces en el mismo organismo y que ejercía un efecto inmunitario con respecto a la viruela convencional en las personas que la habían contraído. Jenner hizo la prueba luego con otras 23 personas, con igual resultado. Finalmente, el médico inglés planteó la conjetura que la secreción de vesículas de viruela de la vaca era lo que protegía a las mujeres que ordeñaban.

Dicho principio se basaba en la evidencia práctica de que un sujeto que hubiera superado la enfermedad no la volvía a contraer. Sin embargo, la persona inoculada no siempre desarrollaba una versión leve de la enfermedad y podía fallecer en algunos casos; además, lograba actuar como foco de infección para los que lo rodeaban.

En 1798 publicó su investigación en la que desarrolló detenidamente los resultados de sus experimentaciones, y acuñó el término vacuna, proveniente de la palabra en latín vacca. Las reacciones no tardaron en llegar, los científicos de la época, y los miembros de la Asociación Médica de Londres, se contrapusieron al tratamiento del doctor Jenner, la polémica fue tal que surgieron críticas violentas y agraviantes. Incluso desde la iglesia se predicaba que la vacuna era una acción anticristiana. Sus críticos, especialmente el clérigo de su localidad, manifestaron que era repugnante e impío inocular a alguien con materia de un animal enfermo. Las críticas también se hicieron presentes en caricaturas satíricas, por ejemplo en 1802 se publicó una caricatura que muestra al doctor Edward Jenner en el hospital de St Pancras de Londres, ilustrando el miedo y el escepticismo de muchos.

La memoria con los resultados obtenidos fue rechazada por la Royal Society, pero él la publicó en 1798, incluyendo también los resultados favorables de otras pruebas posteriores. No sin problemas, la práctica de la vacunación se fue extendiendo desde el campo de la acción médica particular al ámbito nacional, continental y mundial.

No obstante, no todo fue burlas, muchos doctores del mundo estaban interesados en aprender de su experiencia, Jenner en muchas ocasiones envió muestras de la vacuna. Se volvió rápidamente famoso. Reyes y emperadores le disponían regalos; en 1802 el Parlamento británico le dio una suma de dinero reconociendo su gran trabajo, aporte a la medicina y la humanidad. Aunque se volvió rico, siguió su vida tranquila en la misma casa de siempre en Berkeley y continuó trabajando como médico rural, atendiendo a las personas sin distinción. Realizaba campañas multitudinarias gratuitas en el que vacunaba casi 200 personas al día.

Decidió retirarse de la actividad científica en 1815. Edwrad Jenner murió a causa de una hemorragia cerebral el 27 de enero de 1826, a los 76 años.

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